jueves, 9 de marzo de 2017

"Sueños de musa"

Y hoy, he vuelto a soñar contigo, porque no es con estrellas con lo único que sueñan las musas.

He soñado contigo y con tu forma de mirarme, aunque esta vez no era como lo recordaba.

He soñado que recorría corriendo las calles de París, aquellas en las que nunca he estado, con un arma en la mano que ni siquiera sabía usar y un gran miedo dentro de mí. 

He soñado que me daba la vuelta y ahí estabas tú. Tú y todos los sueños rotos que fui dejando atrás.

He soñado que corría y que estaba atemorizada. Que, poco a poco, todas esas promesas sin cumplir me alcanzarían y acabarían conmigo. E incluso he sentido como una de ellas disparaba, rozándome, y ya no era el corazón lo único que me dolía, el único que sangraba.

He soñado que era cobarde, que me caía de rodillas en el suelo sujetándome el brazo malherido y que me rendía mientras veía a todos mis demonios avanzar hacia mí. Y después he visto cómo ha aparecido frente a mí alguien conocido que ha intentado salvarme. Porque no es con estrellas con lo único que sueñan las musas.

Soy una cobarde. Estábamos en guerra, todo el mundo disparaba en aquel fuego cruzado en el que yo estaba en medio y recuerdo exactamente la frase que dije a aquel coche que parecía que me sacaría de allí: "¿Puedo ir contigo?". Claro que podía, claro que podía darle la espalda de nuevo a mis miedos en forma de serpiente de diez cabezas.

Pero esta vez algo me dijo que no sería así y, después de la tranquilidad del trayecto, llegamos a un sitio aún peor, donde se libraba una batalla más grande.

Vi a todos los demonios que había dado la espalda cada una de las veces en las que me había fallado, rodeándome, e incluso vi a mi salvador volverse contra mí. Te vi a ti, con el mismo aspecto que en las calles de París, con el mismo rifle humeante que habías usado contra mí, e intenté hacer lo mismo. Alcé mi pistola y apunté, dejando atrás todos mis temblores, pero no pude disparar. Vi cómo te acercabas mientras yo corría de nuevo, escuché más disparos y sentí más dolor junto a la caída en el suelo mientras me hacía un ovillo para defenderme. 

He soñado con una niña indefensa en medio de una guerra con sus demonios, porque no es con estrellas con lo único que sueñan las musas.

He soñado que el ruido cesaba, que mi pistola había desaparecido y que tan solo estábamos esa niña temblorosa en el suelo, sujetándose el brazo con dos heridas de bala, y yo. Por un momento pensé que se trataría de mí, que habría muerto, que mis demonios habían ganado y me estaba viendo a mí misma, pero no. Tenía casi nueve años menos y una melena larga, castaña, que le recubría toda la cara, lo que me impedía verla.

Y me acerqué con cuidado, empezando a escuchar de nuevo los disparos a lo lejos, sin hacer caso a lo que pasaba a mi alrededor. Ya no me dolía el brazo cuando le tendí la mano para ayudarla a levantarse y la recubrí para ponerla a salvo hasta llegar dentro de aquel bajo edificio que conducía directamente a una habitación completamente blanca.

He soñado que, aunque no supiera disparar, estaba dispuesta a hacerlo. Que, a pesar de no saber nada de medicina, estaba dispuesta a sanarle el brazo. Porque no es con estrellas con lo único que sueñan las musas.

He soñado cómo le ayudaba, rompiendo un trozo de su propia camiseta, a vendar su brazo, lentamente, procurando no hacerle daño. Y ahora despierta casi puedo escuchar la única frase que la chica dirigió hacia mí. “¿Me traes un vaso de agua?”.

Me levanté, dejándola en el blanco suelo, con las manos llenas de sangre, aún sujetándose el brazo. Y me dirigí a la puerta que acabábamos de atravesar, donde estaban mis demonios, sabiendo que esta vez no me los encontraría, que aún me quedaba una puerta que atravesar, que antes no estaba, para tener que volver a enfrentarme a ellos.

He soñado con mi salvavidas, con el que ya he soñado innumerables veces, porque no es con estrellas con lo único que sueñan las musas. 

He soñado cómo pedía el vaso de agua a esa silueta que se dibujaba a la luz de un gran ventanal, y cómo el tiempo se detenía en aquella habitación rústica en la que acababa de entrar cuando la figura que había estado de espaldas a mí todo el tiempo mientras formulaba la pregunta se daba la vuelta.

He soñado que me perdía en el mar de sus ojos azules y que ni siquiera prestaba atención al vaso de agua. He soñado que todo estaba bien mientras nos sosteníamos las miradas, y que no podía dejar de hacerlo. Y de repente solo estaban sus ojos y él, él y su sonrisa, su sonrisa y yo. Porque no es con estrellas con lo único que sueñan las musas.

Y me miraba, antes de tenderme el vaso de agua y hacerme volver a la realidad, aunque nada parece tan real ahora mismo como sus ojos azules. Me miraba, y cuando dejó de hacerlo, el ruido de mis demonios volvió a atormentarme al otro lado de la puerta.

“Ya sabes lo que tienes que hacer”, fue la única cosa que el chico me dijo antes de dejar de mirarme, aunque juraría que eran sus ojos los que hablaban. “Solo tú puedes vencer a tus demonios. No te rindas”. 

He soñado que me ponía a temblar de nuevo y que mi ángel desaparecía, al igual que la puerta que llevaba a la chica. Que me dejaba sola con mi pistola y una puerta que atravesar, que me dejaba sola con mis demonios, pero más fuerte.

Ahora despierta me preguntó si yo sería esa chica indefensa que necesitaba una señal para ir a pedir ayuda, aquella que había elegido un vaso de agua como excusa para salir del agujero y que, a cambio, había obtenido un mar entero.

He soñado que cogía un arma, ese que no había sabido usar antes, y me preparaba para disparar mientras abría la puerta. 

Y he soñado que esta vez sí disparaba.

Porque, aunque quizás no sea una musa, yo también puedo soñar con las estrellas.

*

El lunes tuve un sueño muy extraño y al despertarme tuve la necesidad de escribir este texto inspirado en él, aúnque no entiendo muy bien por qué tuve que hacerlo ni de dónde vino la historia. No sabía dónde subirlo ni si hacerlo, pero espero que os guste. A mí me parece que ha quedado precioso y estoy muy orgullosa de él. 

Gracias por leer y gracias, Dan, por aquel 4 de febrero.

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